A Little Chaos (2015) Drama de época sobre dos jardineros paisajistas rivales a los que Luis XIV encarga la creación de una fuente en Versalles. A Little Chaos jardines

Critica:

A principios de año nos dejó Alan Rickman, y como todo nombre propio relacionado con el cine, merece un homenaje aunque sea en forma de estas pocas palabras. “Un pequeño caos” debería contar con mejor consideración que la que se le ha dado, se trata de una de esos raros hechos que se dan en este mundo relacionado con el valor directo de una producción cinematográfica. Puede que sea la banderita británica, puede que sea una conjura norteamericana, a saber, el caso es que no se trata de una película ni aburrida ni mucho menos mal hecha. jardines

Es cierto que una sobredosis de Winslet puede matar a cualquiera y que la historia de amor metida con calzador al menos a mí me ha molestado. Pero ese rey Luis XIV tan humano, tan enrollado, con esa peluca tan molona, la verdad, creo que es algo más que destacable. El retrato de esos cortesanos que andan tras el rey es maravilloso. A mí personalmente la idea de encontrar belleza en las formas irregulares es algo que me ha encantado.

La película no es una obra maestra, es cierto, pero estoy convencido que algo raro hay detrás de esas valoraciones tan negativas. Bastan unas cuantas firmas adversas para que una película no triunfe, para que todos se sumen al carro y opinen en esa misma dirección. Cosa absurda pero real. “Un pequeño caos” merece mejor nota incluso que mis seis estrellitas, palabra. jardines

Por una parte, soy un tardío fan de la cinta original. En 1983 me pareció un pestiño (era un adolescente abducido por ‘La guerra de las galaxias’); en 1992, en mi opinión, el montaje del director mejoraba (y mucho) la propuesta; pero no fue hasta hace algunos pocos años, ya en formato blue-ray, en que me sedujo y cautivó por completo y sin reservas. Por otra parte, soy un entusiasta admirador del director Denis Villeneuve, de quien sólo he visto aciertos de todo género y planteamiento, un virguero de las imágenes y del montaje, un artista incontestable y evidente, lo mejor que me he encontrado en una sala de cine en lo que va de siglo. Es decir, que iba con ganas y sana curiosidad al cine, esperando encontrar un propuesta inédita y – sea cual fuera el camino elegido – llena de aciertos… pero nada más lejos de la realidad.Pero vayamos por partes, porque hay muchos aciertos pero también otros tantos deméritos dignos de mención. Entre lo positivo está la puesta en escena que recrea, prolonga y amplía la arrebatadora estética primigenia: esa llovizna casi constante, esa ausencia de horizonte, claridad y sol, ese opresivo presente de pesadilla que parece abocarnos al abismo, esa mezcolanza entre replicantes y humanos que vuelve confuso lo cotidiano y nos hace desconfiar tanto de lo que vemos como de lo que sentimos; una fotografía innovadora y sugerente, llena de claroscuros y contrastes, que nos engulle como un torbellino y nos escupe despojos hediondos a cada fotograma; una escenografía espeluznante que desdeña lo efímero y encumbra lo sintético y alambicado. jardines

Es decir, en cuanto al universo visual nos hallamos ante una propuesta insólita, apabullante y portentosa, llena de matices y aciertos.Sin embargo, las flaquezas y deficiencias acaban por erigirse en las grandes protagonistas de la función. Un metraje tan desmesurado como innecesario (sobra casi toda una hora), alargando las escenas hasta la inanición y la abulia; una historia tan poco carismática y tan porfiadamente vaporosa que hacedesfallecer el ánimo y obliga a esperar a que la próxima escena rescate del tedio al espectador y haga avanzar la trama hacia algún lugar digno de interés, cayendo siempre en subrayados innecesarios y en tópicos previsibles, ahogando toda ambigüedad y anulando cualquier estímulo. La calma y el reposo casan mal con una supuesta cinta de acción, por muy ensimismada y reflexiva que pretenda ser. Y las cavilaciones sobre la vida, la muerte, los milagros de la existencia y la magia de la procreación resultan tan patosas como primitivas, tan superficiales como chirriantes.Hay algunas escenas aisladas que descuellan y deslumbran, dignas de perdurar en la memoria cinéfila (como, entro otras, ese baile erótico que sobrepone a dos personajes en abigarrado aquelarre de lo imposible o ese ‘nacimiento’ brusco y sin remilgos de una replicante abocada a su exterminio), pero son momentos inconexos y solitarios, que impresionan por su esplendor y singularidad, pero desentonan por carecer de engarce y coherencia. jardines